NARRANDO...

VIVIENDO CAMBIOS …

 

 

Siempre que recordamos una fecha importante el cúmulo de recuerdos resulta infaltable, desde lo bueno hasta lo no tan bueno, pero todo en conjunción termina formando parte de experiencias de todo tipo.

A lo largo de nuestra existencia  vivimos constantes cambios, desde los físicos hasta los emocionales. Uno de ellos se vive cuando te mudas de ciudad, todo cambia, desde tu vivienda, la comida, el transporte, las amistades, los lugares recurrentes, los sitios de preferencia, son una serie de cambios que como efecto dominó se van sucediendo uno a otro.

Empiezas, tal vez no en todos los casos pero sí en muchos, por extrañar lo que has dejado, vivir en familia en una sociedad como la nuestra es no sólo lo más común sino lo más esencial en nuestro desarrollo, pero llega el momento (claro, para algunos nunca llega, como el caso de familias donde viven desde el bisabuelo hasta el tataranieto) en que debes hacer tu camino y muchas veces tus sueños y metas están lejos de tu lugar de origen por lo que no hay más que seguir y luchar por ellos.

Te marchas e inicias por el sendero de la incertidumbre porque no sabes cómo te irá en esa nueva experiencia, donde hay un mundo por descubrir y hacer tuyo.

Y cuando llegas a ese nuevo sitio empieza la aventura, adaptarte a todo lo nuevo que ves, que vives, que percibes. Del sur al Distrito Federal el clima es el primer cambio notorio, allá un calor seco, aquí un frío mezclado con días nublados. Por otro lado, la comida es lo primero que el estómago resiente, piensas en lo bien que te caería a estas horas mañaneras un buen chocolate de leche con su pan de yema, empiezas a apreciar un poco más esas ricas comidas de tu mamá a las que nunca hiciste tanta fiesta y hoy serían el mejor manjar.

Esto en lo superficial, pero interiormente algo te dice que ya nada será igual y te embarga una tristeza honda, extrañas a la familia, los pleitos, las tardes juntos, la hora de la comida donde todos se sentaban a la mesa y hablaban de los sucesos del día, de los recuerdos de ayer, de los planes futuros, los días reunidos para ver peliculas o el futbol, las bromas entre hermanos, las risas, los momentos difíciles, las mejores rachas o aquellos eventos cruciales para todos.

Luego se atraviesan los recuerdos de los amigos entrañables, aquellos que siempre están ahí, pase lo que pase y aunque ahora pese la distancia.

Pero ahora estás aquí y no puedes dejar ir el relato de tu nueva historia en este territorio que finalmente sigue siendo México, eso sí con las variantes propias de cada lugar. Obviamente no faltan las similitudes  pero las divergencias son las que más ruido te generan porque ellas te dificultan un poco más el proceso de adaptación.

Ahora pasarás de usar los camiones con sus rutas definidas y sencillas, donde durante el trayecto te dormías sin el más mínimo temor de no saber a dónde ibas a parar si te pasabas, y aprendes a usar el “metro”, como coloquialmente lo nombramos aquí. Esa red de transporte que resulta un enredijo en un principio, los transbordes, las direcciones, ubicarlas por colores, aprender el nombre de cada estación o en su defecto (y a veces con mayor eficacia) la figurita que la distingue.

Aquí la gente anda con prisa, como diría Octavio Paz uno llega a tener prisa de no tener prisa, no pasa nada sino sigues el paso, salvo unos empujones y hasta improperios en el peor de los casos, aunque si tu jornada resulta llena de actividades empezarás a entender esos presurosos pasos que desean ir contra reloj.

Nuevos sitios están ahí, esperando a ser descubiertos por tus sentidos, pacientes a que llegues a ellos y los hagas parte de ti.

Algo irrefutable desde esta humilde perspectiva es que aquí en el Distrito Federal nunca falta un sitio al cual ir, tenemos 200 museos, cafés de todo tipo, cines al por mayor, la majestuosa Cineteca Nacional, el Palacio de Bellas Artes, el poderoso Jardín Botánico en la UNAM, entre muchos sitios más que resulta imposible nombrar aquí, pero eso sí, sin dejar de lado la visita obligada a la máxima casa de estudios: la UNAM, causa de que mucha gente de provincia nos encontremos hoy aquí en la lucha por alcanzar una formación académica y nos llevemos la grata sorpresa que encontrarás más que sólo eso.

 

Cumplir un año más de experiencia en el Distrito Federal trae consigo la rememoración de errores y aciertos, de alegrías y nostalgia, de aventuras y desventuras, y eso sí, la certeza de que estar aquí ha valido la pena.

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